Entrevista con Marcos Lopez

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Hay una puesta en escena. ¿ Cómo lo hacés?
A lo sumo, o sea, eso no es verdad, pero hay algo de verdad también…es decir (mirando la foto colgada en la pared) hay ocho tipos con una mujer en pelotas, eso existió, entrás entonces en el misterio teatral, que a la gente le pasa algo cuando está personificando. Yo tuve muchas experiencias de psicodrama, también como paciente, digamos, y como experimentación del psicodrama, indudablemente esa es otra influencia.

¿Hacés como una especie de casting? ¿Esa elección está a tu cargo?
Claro, yo la puedo derivar, pero finalmente la decisión final es mía, yo contrato a un equipo, trabajo con un equipo de gente, de directores de arte, de vestuarista, director de casting. El casting puede ser un taxista, mi plomero, el mozo de donde voy a comer, que es el caso (señala el cuadro anterior) este es el mozo del “Lezama”, este es un electricista boliviano, este es un pintor, Carlos Massoch, este es el decano de la Universidad de sociología o filosofía, Lucas Bulinick. De repente viene un chico a buscar trabajo como asistente de fotografía y le digo: No, mirá… como asistente no, pero ponete ahí y hacé, que se yo, de esquizofrénico.

¿A lo Fellini?
Bueno, hay una influencia de Fellini, en mi trabajo, indudablemente. Una cosa de recuerdos de infancia, de carnavalesca, exagerada, teatral, trágica.

En los artículos hablás de melancolía. ¿Que lugar ocupa la propia melancolía?
Bueno, la melancolía es estructural creo, en mí y en la fotografía. La fotografía está siempre remitiendo al pasado. Mi esposa mira las fotos de los niños, mi madre hace altares con todos los muertos, en la casa, con velitas. La melancolía es como una mala relación con el pasado, o una relación con el pasado que implica cierta tristeza, por el paso del tiempo, no se, que se yo, debe haber tantas definiciones… escaparse de los retratos melancólicos de mi primera época en blanco y negro y hacia una opinión sociopolítica sobre América Latina, el menemismo, los shopings center de cartón pintado, las importaciones, la falsa alegría, las cirugías. El género humano me provoca una profunda depresión, digamos, la estupidez humana, que salís a la calle y estás todo el tiempo confrontándose con esto, no?

¿Una cuestión existencial?
Exactamente. La fotografía me sirve como una canalización de un conflicto existencial de algún modo filosófico y eso tendría que ver con lo más intimo, como un exorcismo de mis propios muertos, de mis propios dolores de este paso por este mundo, de los inmigrantes.